Historia de Chile















 1. LA ÉPOCA PRECOLOMBINA

     Se calcula que el poblamiento de Chile comenzó hace unos 12,000 años antes de nuestra era. Esa fecha es la del sitio arqueológico de Monte Verde, ubicado cerca de Valdivia, que fue descubierto recientemente (1978), y que es el más antiguo del país. Otros sitios famosos son los de San Pedro de Atacama, en el norte, y el de Tagua-Tagua, en el centro, de 10,000 y 9,000 años de antiguedad respectivamente.

     Antes de la llegada de los españoles, se calcula que vivían en Chile  alrededor de un millón de indígenas. Esta población estaba compuesta por diversas etnias, que no habían alcanzado un gran desarrollo social. Las del norte, centro y sur se encontraban en el nivel calificado de tribus por los antropólogos: vivían en grupos de algunos centenares de personas, practicaban la agricultura y sabían trabajar la cerámica, pero carecían de unidad política y no conocieron la vida urbana ni la escritura. Las del extremo sur se encontraban en un nivel aún menos evolucionado, el de la banda, vivían en grupos muy pequeños, de 20 o 30 personas, se alimentaban exclusivamente de la caza, pesca y recolección, y llevaban una vida nómade.


La región del norte desértico

     En esta región vivieron primero bandas que vivían de los recursos del mar, pero que se internaban al interior a cazar llamas en la cordillera. Se ignora el nombre de las primeras etnias, pero una de ellas, que vivió en un sector llamado Chinchorro, cerca de la ciudad de Arica actual, dejó huellas de su paso, con momias que son las más antiguas del mundo, pues se hicieron antes que las del Egipto de los faraones, hacia 5,000 AC.

     Hacia 500 AC aparecieron las primeras tribus, que han dejado muestras de una primera vida sedentaria, con construcciones arquitectónicas llamadas pucaras, y que trabajaban la cerámica. Cultivaban los porotos, la papa y el maíz. Algunas de ellas estuvieron influídas por la cultura de Tiawanako, de Bolivia actual. Poco antes de la llegada de los españoles, fueron dominados por los incas del Perú. Los españoles llamaron atacameños a los indios que conocieron en esa zona, pero se ignora su nombre propio

Los indios del norte semiárido

     Aparecieron sociedades sedentarias a comienzos de nuestra era, en los valles transversales. La etnia que allí vivía en la época de la conquista europea eran los diaguitas, que también vivían en la Argentina de hoy. Sabían trabajar el cobre y el bronce. Las sepulturas indican un comienzo de diferenciación social y había un esbozo de pueblos como centros demográficos. También estuvieron en contacto con los incas.

La región central

     Entre Santiago y Concepción actuales, aparecieron tribus desde el siglo XI DC. En toda esa área vivieron diversas sociedades que estaban emparentadas culturalmente, hablando lenguas semejantes: los picunches en el área de Santiago, los mapuche en la región del río Bío-Bío, los huilliches un poco más al sur, donde está Valdivia actual. Todos ellos practicaban la agricultura (porotos, maíz, papas, ají, quinoa...) además de la recolección de frutos y la caza del guanaco en la cordillera. Los picunches sabían construir canales de regadío, y vivían en caseríos de unas 300 personas, cuyos habitantes cultivaban la tierra en común. Dominados por los incas, convivieron con indígenas peruanos desplazados hacia Chile, los mitimaes.

     Los mapuche, la etnia más conocida de todas por las abundantes descripciones dejadas por los españoles, que los llamaron araucanos, vivían en una región caracterizada por la abundancia de agua (por las lluvias, que alcanzaban a los 1,000 mm. anuales), y bosques. No fueron dominados por los incas. Vivían de la agricultura, la recolección y  la caza; probablemente aprendieron a cultivar la tierra sólo hacia 1200 DC. Eran una etnia numeroso, con una población de  tal vez  300 000 personas, que vivían en múltiples pequeñas unidades de 100 a 200 personas, en casas llamadas rucas, donde habitaban varias familias.El lonko era la autoridad del grupo familiar y poseía un cierto prestigio, pero no constituía una clase social superior, pues no había propiedad privada. Entre sus funciones estaba la de  organizar los mingako o tareas colectivas, y a dirimir conflictos. Había autoridades transitorias en tiempos de guerra, los  toquis, pero pasado el conflicto perdían su ascendiente. Entre sus diversiones figurana el juego de la chueca, semejante al hockey sobre el pasto. Una parte de los mapuche vivía al otro lado de la cordillera, en Argentina.

La región fría y lluviosa del sur y extremo sur

     Un poco más al sur de la región mapuche vivían los pehuenche, puelche y tehuelches, habitantes de la precordillera y de la cordillera, que vivían en bandas, de la caza del guanaco y de la recolección. No conocieron ni la cerámica ni la agricultura, pese a estar cerca de los mapuche.

     En el extremo sur, las etnias principales eran los alacalufes y yaganes, que eran nómades marítimos, desplazándose entre las numerosas islas de Aisén y Magallanes de hoy, viviendo sobre todo de la pesca y la caza de animales marinos. En Tierra del Fuego vivían los onas o selknam, que cazaban el guanaco. Hoy en día todas esas etnias están prácticamente extinguidas, no por obra de los españoles, sino por los blancos en el siglo XIX y XX.

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 2) LA ÉPOCA COLONIAL

La implantación española: la Conquista

     Los españoles entraron en contacto con los indígenas que habitaban lo que se llamaría Chile en 1536, con la expedición venida desde el Perú, dirigida por Diego de Almagro, quien había tenido una participación destacada en la conquista del imperio inca. Este episodio es conocido como el “Descubrimiento”, aunque algunos afirman que eso corresponde a Magallanes, el navegante portugués al servicio de España, quien “descubrió” el extremo sur de Chile, en 1520, cuando sus naves dieron la vuelta al mundo. Pero el paso de Almagro por Chile no tuvo mayores consecuencias, ya que los españoles se limitaron a recorrer el norte y el centro del país, sin fundar ciudades, y regresaron al Perú, decepcionados al no encontrar oro, que era el objetivo del viaje.

Valdivia
    Pocos años después, en 1541,  vino a Chile una segunda expedición, también desde Perú, dirigida por Pedro de Valdivia, uno de los capitanes de Francisco Pizarro, el conquistador de los incas. Esta vez, las cosas fueron distintas.  Valdivia quería asentarse en el territorio chileno y gobernarlo. Para ello, fundó varias ciudades: Santiago, que sería la capital, en febrero de 1541, seguida de La Serena, en 1544, Concepción, en 1550, y Valdivia, en honor de sí mismo, en 1552, y Osorno en 1553, además de otras de menor importancia. Valparaíso, el principal puerto del país, no tiene fecha oficial de fundación, pero comenzó a existir desde la llegada de Almagro, en 1536.

     La expedición de Valdivia provocó también la primera resistencia indígena. Aunque los españoles lograron sobrevivir a los ataques de los nativos en la región de Santiago, no ocurrió lo mismo en el sur, donde los mapuches presentaron una oposición mucho mayor. En 1553, los indígenas de esta etnia derrotaron a los españoles en una batalla, capturaron a Valdivia y lo ejecutaron. Era la primera vez que un jefe de la conquista española en América sufría esa suerte. Los mapuches siguieron resistiendo enérgicamente, y en 1598 vencieron a los españoles en la batalla de Curalaba, en la cual el gobernador Martín García Oñez de Loyola, tal como Valdivia, fue capturado y muerto. Esa victoria (llamada “desastre” por muchos historiadores chilenos, que conciente o inconscientemente tomaron así partido en favor de los españoles) llevó además a la destrucción de las ciudades españolas del sur, como Valdivia y Osorno.

     Desde entonces, Chile quedó dividido en tres partes: desde el norte hasta el río Bío-Bío, en el centro-sur, dominaban los españoles; desde el Bío-Bío hasta lo que es hoy Puerto Montt, el territorio era controlado por los indígenas; más al sur, España retomaba el control, en la isla de Chiloé. Esta situación persistió durante toda la época colonial, y continuó durante varias décadas después de la indepedencia.

Gobierno, sociedad y economía colonial

     Las instituciones coloniales fueron definidas desde el comienzo. Valdivia y sus sucesores tenían el cargo de gobernador, la autoridad suprema en la colonia, aunque no tenían independencia completa, ya que dependían del virrey del Perú. Los gobernadores dirigían el país asesorados por la Real audiencia, tribunal de justicia que podía además podía dirigir la colonia en ausencia del gobernador.
     Como en el resto de América española, la Iglesia católica jugó un papel importante en la dirección de la sociedad, colaborando con el poder real, al cual estaba sometida por el derecho de patronato que el Papa había dado al rey de Castilla. Las órdenes religiosas crearon iglesias y escuelas, y los jesuítas tuvieron además actividades empresariales, con haciendas administradas en forma eficiente.

     La economía no alcanzó gran desarrollo, por la escasa población y las trabas impuestas por el sistema imperial. España no impulsaba la industria manufacturera en sus colonias, tratando de imponer la venta de los productos europeos. El comercio exterior debía dirigirse únicamente hacia  España o hacia otras colonias, aunque había contrabando. Sólo a fines del siglo XVIII Chile fue autorizado a acuñar su propia moneda, lo que se hizo en el edificio conocido como Casa de la Moneda, que después de la independencia  fue la sede del gobierno.
     Las principales actividades fueron las relacionadas con la tierra: ganadería y sus derivados, como la producción de sebo y de cueros, y diversos cultivos como el trigo, que Chile empezó a exportar al Perú  a fines del siglo XVII. Hubo una producción de oro en el siglo XVI, pero después decayó.

la élite en un salón a fines del siglo XVIII
     La sociedad fue estratificada por criterios étnicos, como en todas las demás colonias: blancos en el tope, seguidos por los mestizos, los indios (que eran personas libres, salvo los indios rebeldes, que podían ser vendidos como esclavos) y finalmente los negros esclavos. Estos últimos no fueron muy numerosos, por ser una mercadería cara. A fines del período colonial eran solamente 4,000, lo que equivalía a menos del 10% del total de la población. Los indios estuvieron al comienzo obligados a trabajar para los españoles bajo el sistema de la encomienda (concesión de un grupo de indios a un español, que los hacía trabajar en su beneficio), pero eso se suprimió a comienzos del siglo XVII a causa de la fuerte mortalidad de los indios (causada por las enfermedades traídas por los españoles) Desde entonces eso se reemplazó por el pago de un tributo en dinero, que los indios podían obtener trabajando libremente. Los mestizos y blancos pobres trabajaban en forma libre, como asalariados, pero en la agricultura lo hiciero bajo un régimen especial, el de inquilino, un tipo de trabajador que si bien era libre, debía entregar un cierto número de jornadas de trabajo al año al propietario de la tierra, a cambio de poder cultivar una pequeña superficie. También hubo pequeños propíetarios agrícolas, pero que no llegaron a transformare en clase media.

     La situación de independencia de los indios mapuche obligó a los españoles a mantener un ejército permanente, financiado por el virreinato del Perú. Como ello no fue suficiente, los gobernadores debieron firmar tratados de paz con los indios. El primer tratado o parlamento se realizó en 1641. Aunque no eran muy respetados, implicaban un reconocimiento de la soberanía indígena y creó las condiciones para ciertos períodos de paz, lo que permitió el desarrollo de contactos comerciales entre blancos e indígenas. En 1683 se prohibió definitivamente la esclavitud de los indios.

     Durante el siglo XVII, Chile fue asaltado varias veces por los piratas, ingleses y holandeses. Esto obligó a los españoles a construir fuertes en Valdivia, por temor a un nuevo ataque en esa región. Durante ese siglo no hubo fundación de nuevas ciudades; además, Santiago fue destruído en gran parte por un terremoto en 1647.

     En el siglo XVIII la situación del país mejoró. Los indios comenzaron a resistir a las enfermedades y esto fue un factor importante en el aumento demográfico. A comienzos de ese siglo la población era de unas 100 000 personas, y a fines del siglo se llegó a quizás 600 000  Por primera vez desde el siglo XVI se fundaron nuevas ciudades, sobre todo en la región central: Copiapó, San Felipe, Los Andes, Quillota, Melipilla, San Fernando, Curicó y Linares, la mayoría de ellas por el gobernador José Antonio Manso de Velasco. El rey autorizó por primera vez a catalanes y a vascos a ir a América; a Chile llegaron varias familias de este último origen, y algunas de ellas pasaron a ser parte de la elite comercial y terrateniente.


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3 ) La independencia

     Entre 1810 y 1818, la colonia llamada entonces “Reino de Chile”, se separó de España y formó un gobierno independiente. Al hacerlo, Chile formó parte de un proceso que abarcó la casi totalidad de las colonias españolas en América, ya que sólo Cuba y Puerto Rico permanecieron dentro del imperio; todas las demás colonias se separaron también, en la mayor parte de los casos a través de una lucha armada.

Antecedentes
     Contrariamente a países como Colombia o Venezuela, en Chile no hubo grandes movimientos de protesta contra el régimen colonial ni tentativas de lucha armada antes de 1810. El único antecedente en ese sentido, fue la “Conspiración de los Tres Antonios”, en 1780. Este episodio fue obra de dos franceses, Antoine Gramusset y Antoine Berney, más el criollo Antonio Rojas, que concibieron el proyecto de crear una república, abolir la esclavitud y establecer relaciones con los demás países. Su iniciativa no fue muy lejos, ya que fueron denunciados y arrestados. Pero había personas que pensaban en una independencia, como Bernardo O’Higgins, hijo bastardo de un ex gobernador chileno, el irlandés Ambrosio O’Higgins, quien participó en reuniones de latinoamericanos con ideas favorables a la independencia en Londres, organizadas por el venezolano Francisco de Miranda. La llegada de varios barcos de Estados Unidos a comienzos de 1800, que habían sido autorizados a comerciar en América española, daban a conocer ideas republicanas, lo que constituyó otro factor.


La “Patria vieja”

     Los historiadores han denominado así el período que va de 1810 a 1814, que fue el inicio del movimiento de emancipación. El hecho que desencadenó el proceso fue la invasión de España por Napoleón y el arresto del rey Fernando VII, lo que creó un vacío de poder, ya que las autoridades coloniales habían sido nombradas por el monarca ahora sin trono. En la mayoría de las colonias se formaron entonces Juntas de gobierno, que debían gobernar los reinos americanos mientras durase la ausencia del rey.


     En Chile, la Junta se formó el 18 de septiembre de 1810. Su origen fue elitista, ya que sólo participaron en ella los “vecinos” más destacados del reino, la mayoría de Santiago. En principio, todos sus miembros, encabezados por Mateo de Toro y Zambrano, conde de la Conquista, juraron lealtad al soberano preso; pero varios de sus miembros, sin declararlo abiertamente, buscaban la independencia y comenzaron a tomar medidas que significaban cambios importantes, imposibles de realizar bajo el régimen colonial, como el decreto de libertad de comercio y la convocatoria a la elección de un primer Congreso nacional, en abril de 1811. El proceso se radicalizó con el golpe de estado del 4 de septiembre de ese año, dirigido por José Miguel Carrera, joven militar, miembro de una conocida familia de Santiago. Se nombró una segunda junta, dominada por personas favorables a la independencia, como José Martínez de Rozas. El 15 de noviembre de 1811 Carrera dio un segundo golpe, poniéndose a la cabeza del gobierno. Las medidas revolucionarias continuaron: abolición parcial de la esclavitud, con la “libertad de vientre” (libertad para los hijos de esclavos), promulgación de una primera Constitución, en 1812, que sin declarar la independencia estipulaba que no se respetaría ninguna ley ni decreto venida del exterior, creación de una bandera nacional y del primer diario chileno, “La Aurora de Chile”, dirigida por el cura Camilo Henríquez. Además, se recibió al cónsul de Estados Unidos, Joel Poinsett, primer contacto con otro país, aunque esto no implicó un reconocimiento diplomático.


      Desde 1813, los partidarios de la independencia debieron enfrentar el ataque de los realistas, lanzado por el virrey del Perú, que mantenía su poder, sin aceptar la existencia de una Junta. Una expedición desembarcó en el sur de Chile en 1813, dando comienzo a las batallas por la independencia. Los patriotas enfrentaron divididos esta situación, ya que había sectores que no seguían el liderazgo de Carrera, y preferían la dirección de Bernardo O’Higgins. Esto llevó incluso a una corta guerra civil entre ambos jefes, en un combate disputado en agosto de 1814. Aunque después de este episodio ambos jefes hicieron las paces, el ejército patriota, dividido, perdió la batalla de Rancagua, el 1 de octubre de 1814; fue el fin de esta etapa, ya que los realistas recuperaron el poder, y los patriotas salieron masivamente fuera de Chile, a Mendoza.

La reconquista española

     Esta etapa duró desde octubre de 1814 a febrero de 1817. Durante ella, los partidarios del rey volvieron a dominar el país; hubo una fuerte represión contra los que habían apoyado a los patriotas, con arrestos de muchas personas, algunas de las cuales fueron desterradas a la isla Juan Fernández. Se incautaron los bienes de los sospechosos y se vendieron en remate. Esta etapa coincidió además con el regreso de Fernando VII al trono, luego de la derrota de los franceses en Waterloo. Hubo una reconquista semejante en Colombia y Venezuela.

     Mientras eso ocurría en Chile, los exiliados chilenos en Mendoza encontraron apoyo en el general José de San Martín, gobernador de esa provincia, quien planeaba organizar un ejército para liberar Chile. O'Higgins se hizo amigo de él, no así Carrera, quien se enemistó con San Martín y decidió partir a Estados Unidos a comprar armas y formar otra expedición.

     Durante la preparación del ejército en Mendoza, Manuel Rodríguez,  joven abogado, entró clandestinamente a Chile y organizó guerrillas antiespañolas en el campo, logrando el apoyo de fuerzas campesinas de la región central. Esto significó un movimiento nuevo e importante, ya que hasta entonces la independencia había sido un proceso que interesaba únicamente a la elite del país. La población había observado sin sentirse involucrada, peleando tanto por uno como por otro bando; la mayor parte de las fuerzas  realistas eran chilenos del sur, reclutados por los oficiales españoles. Los indios del sur, los mapuche, tampoco habían apoyado la causa de la independencia.




La “Patria Nueva”

     Esta tercera y última etapa se dio entre febrero de 1817 y abril de 1818. La primera fecha es la de la batalla de Chacabuco, a unos 100 kms. al norte de Santiago, ganada por el ejército organizado por San Martín, que acababa de atravesar la cordillera para entrar a Chile. Después de esta batalla, O’Higgins fue nombrado jefe del primer gobierno chileno,. con el título de Director Supremo, y la independencia fue proclamada en el aniversario de esa batalla, en febrero de 1818. El 5 de abril de ese mismo año, los patriotas ganaron la batalla de Maipú, al sur de Santiago, que constituyó la victoria definitiva contra los realistas. Pero estos hechos no lograron la unidad de los patriotas. Manuel Rodríguez fue arrestado y asesinado en mayo de 1818, por orden del gobierno, el cual temió que Rodríguez se transformara en un conspirador, favorable a la causa de Carrera, quien seguía en Argentina. Este hecho anunciaba las divisiones internas y la inestabilidad que caracterizaría los primeros años de vida independiente.

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4. De 1817 a 1831: intentos de definición institucional y la victoria de la oligarquía conservadora

     En 1817 comenzó el primer gobierno nacional, dirigido por Bernardo O’Higgins, que se mantuvo en el poder hasta 1823. Su principal preocupación fue la de consolidar la independencia, que aún no estaba asegurada. Ello ocurrió con la victoria en la batalla de Maipú (abril de 1818). Hubo sin embargo núcleos de resistencia española, en Concepción (con la guerrilla de Benavides) en Valdivia y en Chiloé, lo que prolongó las campañas militares por algunos años más. Además, Chile contribuyó en forma importante a la escuadra que iría en 1820 a liberar el Perú, último bastión realista en América del sur.

     El gobierno de O’Higgins intentó reformar la sociedad, aboliendo los títulos de nobleza (que eran muy escasos), prohibiendo las peleas de gallos y ordenando la construcción de un cementerio en Santiago para terminar con la costumbre de enterrar los muertos en las iglesias. Estas medidas le granjearon la oposición de los grupos más conservadores. A esto se añadía el descontento general por las contribuciones forzosas para financiar la guerra, las críticas de los partidarios de Carrera, que denunciaban el fusilamiento de dos de los hermanos y el asesinato de Manuel Rodríguez y las aspiraciones de las provincias a obtener más poder. Todos estos factores explican la caída de O’Higgins, que abdicó el poder en 1823 y se fue de Chile al Perú, de donde no volvería nunca más.

     Entre 1823 y 1830 hubo una sucesión de gobiernos (ocho en total) lo que ha hecho que muchos historiadores designen este período como el de la “anarquía”. Esa inestabilidad reflejaba los conflictos por el poder, entre Santiago y las provincias, entre los partidarios de un régimen centralizado y los que deseaban un sistema federal. Esta última opción era defendida por varias ciudades de provincia, que manifestaban una voluntad democrática de los "pueblos" contra la elite de Santiago.Cette dernière option était défendue par plusieurs villes de province, expression de la volonté démocratique des pueblos contre l'élite de Santiago. También influía la mala situación económica, a causa de la baja de la producción agrícola, y por el endeudamiento externo del país, que contrató su primer préstamo en el exterior con Inglaterra, en malas condiciones.Se fueron definiendo dos bandos, que fueron los futuros partidos conservador y liberal; el primero defendía el gobierno centralizado y el poder de la iglesia católica; los segundos, el federalismo y una disminución de la influencia de la Iglesia.

     En medio de esta disputa política, hubo algunas medidas sociales importantes, como la abolición definitiva de la esclavitud, en julio de 1823. Los pipiolos, nombre dado a los liberales de esos años, intentaron, sin éxito, abolir el mayorazgo e incluso hablaron de hacer una reforma agraria. Pero los pelucones o conservadores fueron los vencedores en este conflicto, que culminó con la guerra civil de 1829 a 1830, que terminó con la batalla de Lircay, donde el general Prieto venció a las fuerzas dirigidas por Ramón Freire. Prieto fue elegido presidente; con él comenzaba la era conservadora y oligárquica.

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5. De 1831 a 1891: una época oligárquica

     Durante esta etapa, Chile se caracterizó por la relativa estabilidad de su vida política, situación muy distinta a la de la enorme mayoría de los demás países latinoamericanos. Esto se debió, en parte,  a los éxitos de la política exterior de este período, en el que Chile ganó dos guerras. La primera fue la guerra contra la Confederación perú-boliviana (1837-1839), aunque no acarreó conquistas territoriales, dio a Chile la ventaja en el control del comercio del Pacífico sur. La segunda fue la Guerra del Pacífico (1879-1883), de nuevo contra Perú y Bolivia (ahora como países separados), dio a Chile la conquista de la región minera del norte, clave para su desarrollo. Ante eso, la cesión de la Patagonia a Argentina, por el tratado de 1881, pareció de poca importancia, ya que se estimaba que ese territorio carecía de valor. Además, al mismo tiempo, el  gobierno chileno completó la conquista militar de la región de los indios mapuche, en el sur del país, cuyas tierras pasaron a las manos de nuevos grupos de latifundistas, que se dedicaron a la agricultura cerealera.

   Otro factor de la estabilidad fue la prosperidad económica: gracias a las exportaciones de cobre, de plata y de harina, Chile figuró entre los países latinoamericanos que lograron mayores éxitos en su comercio
Huasos del río Maule (cuadro del pintor francés Rugendas)
exterior, que era la palanca principal para el desarrollo en esos años. Desde la victoria militar de 1879, Chile contó con las exportaciones de salitre, que pasó a ser el motor de su economía. Todo esto permitió progresos a nivel local, con la construcción de canales de regadío y los primeros ferrocarriles, construídos en las décadas de 1850 y 1860. Estas iniciativas fueron la obra de los grandes propietarios agrícolas de la región del valle central, y de los empresarios mineros del norte, quienes constituían la elite social, económica y política del país. Esa minoría gobernaba sin contrapeso, dominando a la masa compuesta por inquilinos (trabajadores agrícolas que vivían al interior de las haciendas), los peones (trabajadores itinerantes) y los indígenas, que se concentraban en el sur, y que desde la conquista militar de 1881, vivían en condiciones precarias.. En estos años, los sectores medios eran apenas incipientes, y se componían de un cierto número de artesanos calificados, profesionales y empleados. La inmigración, aunque comenzó en los años 1850, con la llegada de varios centenares de alemanes, sobre todo al sur,  fue escasa en el conjunto del período.

    En la escena política, el período fue dominado por las luchas entre conservadores y liberales. Los primeros controlaron el poder desde 1830, cuando ganaron el poder tras una guerra civil en la que vencieron a los liberales, hasta 1871. Ello dio lugar además a la adopción de un sistema de gobierno muy centralizado, reflejo de la dominación de la capital sobre el resto del país, en la cual la elite conservadora del valle central logró imponerse a las provincias del norte y del sur del país. El poder conservador se expresó en la Constitución de 1833, inspirada por el influyente ministro Diego Portales, que mantuvo al catolicismo como única religión que se podía ejercer abiertamente y que concentraba el poder en manos del Presidente de la república, cuyo mandato de 5 años podía prolongarse gracias a la reelección inmediata; así, los cuatro presidentes conservadores gobernaron diez años cada uno, entre 1831 y 1871. Por esta razón, en muchos manuales de historia se denomina esta etapa “La república de los decenios”. El rasgo principal, sin embargo, era el control de la vida política por una muy pequeña minoría, donde muchos presidentes, ministros y parlamentarios estaban unidos por lazos de familia, y donde el derecho a voto era bastante restringido, al exigirse una renta mínima anual para tener ese derecho. Era el sistema llamado oligárquico, que no varió mucho en el conjunto del período. Además, si las autoridades eran elegidas, la intervención electoral del gobierno y el fraude se hacían en forma abierta.


     Durante la dominación conservadora, los liberales intentaron tomar el poder por las armas, en dos guerras civiles contra el gobierno del presidente Montt, en 1851 y 1859. En la primera de esas ocasiones contaron con el apoyo de grupos de artesanos, quienes pedían medidas en favor de la educación popular y de la democratización de las elecciones. Algunos de sus miembros combinaban las ideas liberales con las de un cierto socialismo, que incluía ideas como el reparto de tierras, como aparece en los escritos de Santiago Arcos. Pese a sus derrotas, los liberales lograron influir el debate político en un sentido reformista. En 1871 se prohibió la reelección inmmediata del Presidente, y ese año los liberales ganaron el poder, el que mantuvieron por varias décadas. Además, a mediados de los años 1860 surgió un tercer partido político destinado a tener una larga historia, el partido radical, que apoyó también la tendencia renovadora. Otras reformas fueron la abolición del mayorazgo, la institución que permitía entregar en herencia a una sola persona la propiedad agraria, a fin de  mantenerla indivisible, en 1852, la  libertad de culto en 1865 y el voto universal en 1874 (aunque eto no amplió mucho la participación, ya que se excluía de este derecho a todos los analfabetos y a las mujeres), el matrimonio y los cementerio laicos, en 1883. Sin embargo, la Iglesia católica siguió unida al Estado hasta 1925.

El presidente José Manuel Balmaceda
     Esta etapa terminó con la guerra civil de 1891, que no fue una lucha entre liberales y conservadores, como en el pasado, sino una confrontación entre el presidente Balmaceda (liberal) y casi todos los partidos políticos (en especial los conservadores, parte de los liberales  y los radicales), que dominaban el Congreso, y que fueron apoyados por la Marina de guerra, se declararon en rebelión contra el presidente, al que acusaban de dictador. Sin embargo, lo que estaba en juego era la orientación de las políticas fiscales, en una era en que el gobierno aumentaba mucho su gastos, gracias a los ingresos derivados de la exportación de salitre. La guerra, que duró nueve meses y dejó más de 10,000 muertos, fue ganada por las fuerzas del Congreso. Balmaceda se suicidó tras su derrota.     





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6. De 1891 a 1924: salitre y parlamentarismo

     Esta etapa  podría denominarse la “era del salitre” a causa de la importancia creciente que adquirió este mineral en la economía chilena, que ´proporcionaba más del 80% del valor de las exportaciones chilenas, y cuya producción, aunque con altibajos, creció constantemente. Las minas (controladas principalmente por empresarios ingleses, españoles, aunque también había chilenos) atrajeron a muchos trabajadores del centro y sur del país, que buscaban empleos mejor pagados. Desde comienzos del siglo XX se inició la explotación de dos grandes minas de cobre, que llegarían a ser más tarde claves para la economía chilena: Chuquicamata en el norte y El Teniente, al sur de Santiago, ambas explotadas por capitales de Estados Unidos.

     Además de las minas, hubo en Chile un cierto desarrollo industrial (textil, cervecerías, cemento, maestranzas...), todo lo cual dio nacimiento al proletariado moderno. El desarrollo urbano y de los servicios dio lugar a un reforzamiento de la clase media. La sociedad se hizo más diversificada, pero los confictos sociales fueron también más agudos: hubo frecuentes protestas por la carestía de los precios, huelgas por alzas salariales, algunas de las cuales fueron reprimidas violentamente. La huelga de los obreros del salitre, en diciembre de 1907, fue aplastada por el ejército, en Iquique, en una matanza donde tal vez dos mil personas perdieron la vida.

       En lo político, esta época es conocida habitualmente como la “República parlamentaria”. Este nombre se debe al hecho que tras la guerra civil, se reformó la Constitución para permitir que los ministros fuesen censurados con mayor facilidad por los parlamentarios, lo que dio a éstos mayor influencia sobre el Poder ejecutivo. Hubo mayor número de partidos: a los liberales, divididos en varios grupos, los conservadores, los radicales (que aumentaban su votación), se sumaron nuevas formaciones, creados por dirigentes obreros: el partido demócrata (fundado en 1887) y el partido obrero socialista (1912), que en 1922 pasó a ser partido comunista. Hubo también importantes grupos anarquistas. Aunque estos dos nuevos partidos no lograron un gran porcentaje de la votación, su presencia llevó a plantear nuevos temas en las campañas electorales, que adquirieron más y más un carácter masivo, y dio lugar a nuevas alianzas. Esto se expresó sobre todo en la elección presidencial de 1920, ganada por el liberal Arturo Alessandri, apoyado por radicales y demócratas. Por primera vez en la historia del país, en el gobierno había ministros de esos dos últimos partidos, y se esperaba que Alessandri procediera a implementar proyectos de leyes sociales (Código del trabajo, etc.), que harían avanzar el proceso de democratización. Muchos parlamentarios, además, eran originarios de la clase media. Pero las reformas prometidas por Alessandri no se concretaron, por la oposición conservadora y la indisciplina de sus propios parlamentarios. Esto, sumado a una crisis del salitre (motivada por la competencia del salitre sintético en el mercado mundial) provocó una fuerte cesantía y llevó a una crisis política en 1924, cuando una intervención militar puso término a esta etapa.

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7. De 1924 a 1938: una era de crisis


     Entre estas dos fechas, hubo en Chile diversas experiencias políticas, varias de las cuales implicaron el uso de la fuerza. Esto fue motivado por el impacto de la crisis del salitre, luego de la crisis mundial de la economía y por la influencia de los movimientos autoritarios en Europa (fascismo y nazismo).

Carlos Ibanez
Carlos Ibáñez
    La primera experiencia fue la intervención militar iniciada en 1924, que se prolongó hasta 1931. Esta acción tuvo orígenes complejos: al comienzo pareció tener un significado social positivo, ya que los militares, encabezados por el coronel Carlos Ibáñez, forzaron la aprobación de algunas leyes sociales, como aquellas que creaban un sistema de pensiones y el Código del trabajo, que permitían organizar los sindicatos y reglamentar las huelgas. Pero por otro lado, esa intervención acarreó la renuncia de dos presidentes elegidos (ArturoAlessandri y Emiliano Figueroa), la elección de un militar (Carlos Ibáñez) a la presidencia, que ejerció el poder en forma dictatorial, con un Parlamento compuesto por miembros no elegidos (con el acuerdo de los principales partidos), que intentó manipular a los sindicatos, declaró ilegal al partido comunista y limitó seriamente la libertad de expresión. Todo esto llevó al exilio a varios opositores; hubo también algunos que fueron  asesinados. Por otro lado, aprovechando una coyuntura económica favorable entre 1927 y 1929, Ibáñez multiplicó las obras públicas y creó organismos de crédito industrial y agrario. En el plano administrativo, fusionó los diversos cuerpos de policía uniformada que había en el país, creando el cuerto de Carabineros, a quienes se confió la guardia presidencial.

     En julio de 1931, Ibáñez renunció al poder, luego de las protestas causadas por la crisis mundial. Pero la situación política siguió muy inestable durante la mayor parte de la década de 1930. En septiembre de 1931 se produjo una rebelión de la marinería de guerra, y en junio de 1932 tuvo lugar  un golpe de estado, por obra de un grupo de civiles y de militares con ideas de izquierda, que tomaron el poder y proclamaron una efímera “República socialista”. En 1933, surgió un movimiento de inspiración nacional socialista que tuvo cierto auge. Ese mismo año, desconfiando de la lealtad de los militares, el gobierno del liberal Arturo Alessandri (elegido por segunda vez a la presidencia, en 1932) propició la formación de una importante organización  armada de civiles de derecha, la “Milicia republicana”, que aspiraba a defender un orden que parecía amenazado. Sólo en 1938, tras una tentativa de golpe de parte de los nacis, se volvió a una vida política más estable. Un hecho clave en ese sentido fue la elección, en ese mismo año del gobierno del Frente popular, alianza de centro-izquierda que reunía al partido radical, a socialistas y comunistas, en una alianza multiclasista de algunos sectores de propietarios, clases medias y obrera.

     La economía, aunque siempre basada en la exportación de minerales, como el cobre y el salitre, se recuperó gradualmente de la crisis de 1929. La presencia de capitales norteamericanos fue cada vez más grande, tanto en las minas como en nuevos servicios, como el de los teléfonos, que fue controlado en forma monopolística por la ITT desde 1929. Hubo algunas industrias que adquirieron gran importancia, como la textil Yarur, fundada en 1935.

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8. De 1938 a 1970: el Estado como agente económico y la política de los “compromisos”

     La elección del radical Pedro Aguirre Cerda como presidente, en 1938,  fue un hecho crucial: por primera vez, los partidos oligárquicos perdían una elección presidencial, y comenzaba una época de gobiernos basados en las alianzas de partidos de distintas tendencias, hecho poco común en Latinoamérica. Este último rasgo se reforzó en 1935, cuando comenzó a formarse el futuro partido demócrata cristiano, que tomó su nombre definitivo en 1956. Con ello, se diseñó un nuevo estilo, el de la
vida política basada en el “compromiso”, ya que ningún partido tenía fuerza suficiente para gobernar solo. El sucesor de Aguirre (que murió en 1941, sin poder completar su mandato), el radical Juan Antonio Ríos (que también falleció durante su mandato), recibió apoyo del PS y de algunos liberales; Gabriel González Videla, otro radical, elegido en 1946, fue apoyado por comunistas y liberales; Carlos Ibáñez, el ex dictador, elegido en 1952, se basó en la alianza entre una fracción socialista y de un partido que tuvo corta vida, el agrario-laborista; en 1958, Jorge Alessandri (independiente de derecha) gobernó con liberales, conservadores y radicales. El único presidente qu gobernó sólo con el apoyo de su propio partido fue el demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva (1964 a 1970).

     En esta etapa se puede estimar que la democracia tuvo progresos importantes, ya que no hubo nuevos golpes de estado, el cuerpo electoral se amplió considerablemente, gracias al derecho de voto para la mujer (en 1947), a una disminución del fraude electoral y a la diversidad de partidos, lo que indicaba una gran tolerancia ideológica. Sin embargo, esa situación sufrió una limitación importante entre 1948 y 1958, años en que se aplicó la ley llamada de “Defensa de la democracia” que declaraba ilegal al partido comunista y además limitaba el funcionamiento de los sindicatos. Miles de personas perdieron sus derechos cívicos y muchos fueron internados en campos de detención. El poeta Pablo Neruda, militante comunista, debió salir clandestinamente del país para evitar la cárcel. Sólo a fines de los años 1950 se volvió respetar plenamente la democracia política, cuando esa ley fue abolida. Además, en 1953 se formó la Central Única de Trabajadores (CUT) que dio mayor presencia a los sindicatos en la vida nacional. Sin embargo, durante largo tiempo la vida sindical estuvo limitada a los trabajadores urbanos; a través de diversas tácticas, los propietarios  de tierras impidieron la formación de sindicatos en el campo.     

     En política internacional, Chile se mantuvo como país neutral durante una buena parte de la segunda guerra mundial; sólo en enero de 1943 rompió sus relaciones con Alemania y sólo en 1945 le declaró la guerra. Posteriormente, Chile fue país fundador de la ONU y de la OEA. Como resultado de su adhesión a este útimo organismo, Chile rompió relaciones con Cuba en 1962. Aunque en la votación sobre esta materia la delegación chilena se había abstenido, se acató la mayoría.

     La economía experimentó algunos cambios importantes. Aunque la exportación de cobre siguió siendo una actividad clave (el salitre , en cambio, perdió considerablemente su importancia), la industria cobró mayor relevancia, gracias, en parte, al apoyo que recibió del Estado desde 1939. Ese año se creó Corfo (Corporación de fomento de la producción), una institución creada por el gobierno, que daba créditos a las distintas actividades de la economía y que a veces compraba empresas. Además, se reforzó la electrificación del país, con varias centrales hidroeléctricas, y se comenzó la explotación de petróleo en Magallanes, en el extremo sur, todo ello por iniciativas estatales. En los años 1960, del Estado dependía más del 40% de las inversiones. Pero aunque esas medidas trajeron cierto progreso, hubo también problemas serios, como la fuerte inflación de los años 1940 y sobre todo de los años 1950, problema que no pudo ser resuelto posteriormente. Aunque la cesantía era baja (inferior al 10%) había muchosubempleo, y la agricultura no progresaba: al contrario, desde los años 1950, Chile debió importar una parte de sus alimentos..

Eduardo Frei
Eduardo Frei
     Desde comienzos de la década de 1960, el país estaba en una fase progresiva de radicalización de las opciones políticas. Tanto la Democracia cristiana como la alianza de la izquierda (socialistas y comunistas), postulaban (en distinto grado) a cambiar la sociedad. En 1964 triunfó el candidato de la DC, Eduardo Frei, recibiendo los votos de la derecha, que preferían su victoria como mal menor, ante la posibilidad de un triunfo de la izquierda. Durante su gobierno, que había prometido una “Revolución en libertad”, se realizó la reforma agraria y el cobre fue parcialmente nacionalizado, al comprar el estado chileno el 51% de las acciones de las compañías estadounidenses. Al mismo tiempo, Frei trató de atraer a  inversionistas extranjeros, y recibió el apoyo de la Alianza para el progreso, el programa de ayuda económica ofrecido por Estados Unidos a Latinoamérica. En el plano social, su gobierno estimuló la formación de sindicatos, especialmente en el sector agrario, y dio lugar a un importante red de organismos para las mujeres, los Centros de madres. Todo esto no bastó para congraciarlo con los que, a la derecha, no le perdonaban haber atentado contra el derecho de propiedad, al hacer la reforma agraria, y pareció poco a aquellos que, en la izquierda, deseaban ir más lejos. Bajo su gobierno hubo además varias acciones represivas del ejército y de los carabineros, lo que tuvo como resultados la muerte de cerca de cuarenta personas muertas en diversas acciones. La efervescencia política se hizo sentir también en las aulas universitarias, donde en 1967 se impuso un movimiento reformista, que dio a los estudiantes el derecho a votar para  la elección de rector. Inspirado por la revolución cubana, nació en 1965 el MIR (Movimiento de la izquierda revolucionaria), que llevó a cabo algunas acciones armadas, aunque no llegó a transformarse en guerrilla.  El resultado de todo este proceso fue la victoria de  Salvador Allende, el cual, a la cabeza de una alianza de diversos partidos de izquierda (socialista, comunista, radical, disidentes de la DC) ganó la elección presidencial de 1970.

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9. Los años de la Unidad Popular

Salvador Allende
Salvador Allende
    Los tres años de la Unidad Popular (1970-1973) constituyeron tal vez la experiencia política más compleja de la historia latinoamericana. Sus comienzos fueron difíciles, ya que antes de que Frei transmitiera el poder a Allende, un grupo paramilitar de derecha, con el apoyo de algunos militares, como el general Roberto Viaux, intentó impedir ese proceso, raptando al general en jefe del ejército, René Schneider, con el fin de provocar una crisis política. El plan, pese a contar con el apoyo de la CIA, que proporcionó armas y dinero a los conspiradores, fracasó, ya que Schneider murió cuando intentaban raptarlo. El 4 de noviembre de 1970, fecha prevista por la Constitución, Allende inició su gobierno, pero la conspiración para derrocarlo continuó.
     Sin disponer de mayoría en el congreso y habiendo ganado por mayoría relativa, de sólo 36,5% de los votos, Allende se lanzó a un ambicioso plan de transformaciones económicas que buscaban iniciar el “camino hacia el socialismo”. El plan incluía, además de acelerar la reforma agraria ya iniciada anteriormente, la nacionalización de las industrias estimadas estratégicas, del cobre y de los bancos. Este proceso se hizo, salvo en el caso del cobre, sin la aprobación del poder legislativo, sino a través de los llamados “resquicios legales” que la Constitución permitía. La empresa privada seguiría existiendo, sobre todo en el campo de las medianas y pequeñas entidades y en general todas aquellas empresas estimadas no monopólicas serían respetadas.

     Pese a la furiosa crítica de que fue objeto por parte de la oposición,  la libertad de prensa, de expresión y la existencia de todos los diarios y radios adversos al gobierno fueron rigurosamente respetadas. De este modo, Allende cumplía su promesa de mantener las instituciones chilenas y de abrir el camino a la nueva sociedad,  no a través del modelo cubano o soviético, sino siguiendo un camino propio “con empanadas y vino tinto”, como le gustaba decir. Pero conciliar la amplitud de esas medidas, que atentaban contra gran parte del poder de la clase empresarial y del capital extranjero, con un ambiente pacífico y apegado a las normas institucionales, era buscar la cuadratura del círculo. La oposición, que reunía a los partidos políticos de la derecha, reagrupados en el Partido nacional (PN) y a la DC, a la que se sumaban dirigentes sociales, como los comerciantes y algunos colegios profesionales, organizó una campaña de destabilización, que incluía huelgas (la de los camioneros, en octubre de 1972, fue muy importante) y acciones económicas, como la del mercado negro, que provocó escasez de bienes esenciales y atizó el descontento de gran parte de la población. A todo ello se sumaba el bloqueo financiero de Estados Unidos, que negaba los préstamos que habitualmente se concedían a Chile. Además, algunas medidas  económicas del gobierno agravaron la situación. Empeñado en hacer justicia social y en estimular el consumo, Allende concedió alzas salariales importantes, que si bien generaron euforia en muchos sectores, también desataron una espiral inflacionaria desde 1972, que llegó a 300% en 1973.

     Todo ello preparó el camino al golpe militar, estimulado por el PN y por gran parte de la DC. Entre julio y agosto de 1973 hubo un intento de diálogo entre el gobierno y la DC, bajo los auspicios del cardenal Silva Henríquez, que no fructificó. El golpe del 11 de septiembre de 1973, que había empezado a ser preparado casi desde el inicio mismo del gobierno de Allende, puso un término a la experiencia socialista chilena. El presidente Allende se suicidó el mismo día del golpe, antes de que los militares se apoderaran del palacio de la Moneda, donde el presidente se había reunido para intentar resistir, junto a un grupo de sus seguidores. Fuera de la Moneda o en provincias, la resistencia al golpe fue escasa y mal organizada. Así, dejaba de existir una institucionalidad que, con algunos altibajos, había funcionado durante más de un siglo.

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10. La dictadura, 1973-1990

Augusto Pinochet
      El poder se centró desde temprano en la persona del general Augusto Pinochet, quien se  hizo nombrar presidente de la República por las fuerzas armadas. Hasta 1980, Pinochet gobernó sin especificar por cuánto tiempo estaría en el poder. Ese año hizo aprobar una nueva Constitución, en un plebiscito que se realizó sin posibilidades de que la oposición pudiera manifestarse abiertamente. Según esa carta, Pinochet podría gobernar ocho años más, hasta 1988; ese año se haría un nuevo plebiscito, en el que se decidiría si el dictador seguía en el poder o si debían celebrarse eleccione libres.

     La esencia de la dictadura fue la represión: más de 3 000 personas murieron o desaparecieron, la mayoría durante los dos primeros años del régimen, y cientos de miles partieron al exilio. En Santiago y en provincias hubo diversos centros de detención y de tortura. Inmediatamente después del golpe, una treintena de ministros y otros funcionarios importantes de la UP fueron llevados a la isla Dawson, en el extremo sur del país, donde vivieron varios meses, sometidos a maltratos, sin que se especificaran cargos en su contra. Después, varios fueron enviados al exilio. Sin embargo, allí tampoco estuvieron a salvo, ya que algunos de ellos fueron asesinados, como  Orlando Letelier, ex ministro de la UP (muerto en Washington en 1976) y el general Carlos Prats, uno de los pocos militares que había colaborado con Allende  (en Buenos Aires, en 1974). Varios de los dirigentes de la izquierda que decidieron quedarse en Chile perdieron la vida combatiendo, como Miguel Enríquez, líder del MIR, y varios otros fueron asesinados o murieron en la tortura.

      Los partidos políticos fueron prohibidos (los de la izquierda) o declarados en receso (los de la derecha y la DC); el parlamento se cerró. Los jueces, en teoría, seguían constituyendo un poder autónomo, pero en la práctica, se limitaban a corroborar lo que el gobierno decidía, sin cuestionar los abusos contra los derechos humanos. Los sindicatos no fueron prohibidos, pero llevaron una existencia muy limitada.

     Aunque la mayoría de los cargos principales en el gobierno stuveron en manos de los militares (incluso hubo rectores de universidad que eran almirantes o generales), el poder se ejerció con la colaboración de muchos políticos de la derecha, que sirvieron como ministros o embajadores. Pero hubo también muchos elementos civiles nuevos, sin partido, que ocuparon cargos de importancia, en la economía o en otros cargos ministeriales. Los empresarios no disimularon su apoyo a la dictadura. Por ello, el gobierno de Pinochet nofue únicamente un poder militar, sino apoyado por un sector importante de la sociedad civil, especialmente el de los propietarios.

     Por ello, en política económica, la dictadura tendió a privatizar las empresas que habían pertenecido al Estado, y abrió también muchos servicios a la empresa privada, como la salud, los seguros y la educación; en este último campo surgieron muchas universidades privadas. Se terminó con la política de fijación de precios de los artículos de comsumo básico, dejándolos fluctuar libremente. Las tierras que habían sido expropiadas durante la reforma agraria no siempre fueron devueltos a sus antiguos propietarios, sino que fueron en parte rematadas, creándose un núcleo de nuevos empresarios agrícolas.Además, buscó el equilibrio fiscal, disminuyendo el gasto público. Se abrió la puerta a la inversión extranjera, aunque ella no llegó en grandes proporciones. Chile se retiró del Pacto andino, para tener mayor libertad de acción, y rebajó las tarifas aduaneras para practicar una política más liberal en su comercio exterior. Todas estas medidas eran un cambio importante en relación a los últimos 40 años, durante los cuales el Estado había jugado un papel tan importante como la empresa privada.

     Hasta 1981, la dictadura casi no tuvo opositores, y pareció tener éxito con su política económica. Pero en 1982 estalló una severa crisis, que persistió hasta 1985, y que llevó la tasa de cesantía a más del 20%. Esa situación dio ánimo a los opositores, que organizaron manifestaciones masivas contra la dictadura, que se hacían todos los meses, de marzo a noviembre. Pinochet hizo algunas concesiones, permitiendo el regreso de varios exiliados y la aparición de algunas revistas de oposición. Comenzó el largo y difícil camino hacia la “transición hacia la democracia”. Este proceso fue apoyado por la mayor parte de la iglesia católica, cuyo principal dirigente, el cardenal Raúl Silva Henríquez, criticó abiertamente los excesos del régimen. Desde los años 1980, hubo también presiones de Estados Unidos en favor de un cambio de gobierno, ya que Washington cambió su política hacia las dictaduras.

     La transición chilena fue  compleja y costosa en vidas humanas.  Durante los cinco años de protestas (de 1982 a 1986) los opositores debieron enfrentar una represión que provocó un centenar de muertos y muchos heridos. Un caso célebre fue el de la joven Carmen Quintana, quemada viva por los militares tras participar en una manifestación en julio de 1986, que logró salvar su vida y recibió tratamientos médicos en Montreal. Entre 1985 y 1986 se pensó que la dictadura podía caer, y uno de los partidos opositores, el PC, organizó un grupo armado que intentó matar a Pinochet. Tras el fracaso del atentado, el grueso de la oposición, dirigida por demócrata cristianos, socialistas y radicales, se concentró en una salida a través de medios institucionales, lo que se obtuvo a través del plebiscito de octubre de 1988. Esta consulta fue una derrota para Pinochet, quien perdió el derecho de continuar en el poder y abrió el camino a las elecciones de diciembre de 1989, donde el demócrata cristiano Patricio Aylwin fue elegido presidente. Pero los militares se retiraron habiendo impuesto una serie de leyes que jugarían en su favor e impedirían un cabal regreso a la democracia.

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11. De 1990 hasta hoy

     En marzo de 1990 el general Pinochet, de acuerdo a los resultados de la elección realizada tres meses antes, entregó el mando supremo del país a Patricio Aylwin, el candidato vencedor, que representaba a la Concertación, la coalición de partidos que se había opuesto a la dictadura militar en sus últimos años. Esa alianza estaba compuesta por el PS y la DC, los antiguos rivales durante la UP, y también por un nuevo partido, el PPD (Partido por la democracia), los radicales y los socialdemócratas, que últimamente se han fusionado. El PC, el antiguo aliado de los socialistas, quedó aislado y obtiene bajos porcentajes en las elecciones, sin lograr elegir parlamentarios, en parte a causa del sistema binominal.

  Esta alianza ha tenido éxito, al ganar todas las elecciones, tanto presidenciales como parlamentarias, desde 1989 hasta hoy. Después del gobierno de Aylwin (de 1990 a 1994), el poder pasó a manos del demócratacristiano Eduardo Frei (hijo del anterior), quien gobernó desde 1994 a 2000, al socialista  Ricardo Lagos, quien gobernó entre 2000 y 2006, y últimamente, a la socialista Michelle Bachelet, primera mujer en ejercer ese cargo en Chile. Tal como Lagos, su triunfo se logró tras pasar a la segunda ronda, en enero de 2006, derrotando a Sebastián Piñera, el candidato de la derecha, ya que en la primera no había alcanzado la mayoría absoluta. Su mandato fue más corto que el de sus antecesores, ya que una reforma constitucional fijó en cuatro años la duración del gobierno.

    Durante los primeros dos gobiernos de la Concertación, las relaciones entre civiles y militares fueron tensas. Pinochet, que seguía como comandante en jefe del ejército, ordenó en dos ocasiones maniobras militares en pleno centro de Santiago, en 1990 y 1992, para protestar contra ciertas medidas del gobierno, una de las cuales implicaba investigar a su hijo mayor, acusado de prevaricación. Esas amenazas surtieron éxito, ya que la investigación fue abandonada. Los militares criticaron al presidente Aylwin por haber ordenado el Informa Rettig sobre la violencia durante la dictadura. Otros sucesos que tensionaron esos años fueron el asesinato del ex consejero de Pinochet, Jaime Guzmán, por obra de un comando de izquierda, en 1991, y el atentado contra el ex general Gustavo Leigh (que quedó herido de consideración). Y desde entonces, cada conmemoración del día 11 de septiembre ha dado lugar a sucesos violentos, en Santiago y otras ciudades, a veces con víctimas fatales.

    A partir de 2000, Pinochet perdió considerablemente su influencia en la vida política, tras su arresto en Londres en 1998, gracias al juez español Baltazar Garzón, y su posterior enjuiciamiento en Chile.
 Pinochet perdió su fuero o inmunidad parlamentaria, debiendo enfrentar un juicio por su responsabilidad en varias de las matanzas cometidas bajo su gobierno, pero el juicio quedó detenido por razones de salud.
Aunque el dictador murió en diciembre de 2006 sin haber sido enjuiciado, su imagen resultó muy deteriorada, sobre todo después que se dio a conocer la existencia de una cuantiosa fortuna personal fuera de Chile, en 2004.
 
Aunque no toda la herencia de la dictadura ha sido cambiada, hubo otros progresos. En 2004 se reformó la Constitución de 1980, aboliéndose varias de las disposiciones impuestas por Pinochet antes de entregar el mando a los civiles: la existencia de senadores designados (cuatro de ellos eran militares) y los vitalicios (Pinochet era uno de ellos). El presidente recuperó la capacidad de destituir a los jefes de las fuerzas armadas.  En cambio, no se ha modificado el sistema electoral binominal, que sigue siendo muy poco representativo. Ha habido ciertos avances en materia de derechos humanos. En 1991 se dio a conocer el informe Rettig, que identificaba a las víctimas de la dictadura, pero no a los responsables de los crímenes.
En 2001 los militares se vieron obligados a reconocer que muchas personas habían sido muertas y desaparecidas, a veces lanzadas al mar, aunque sin identificar a los responsables de esos crímenes.  En 2004 se dio a conocer el Informe nacional sobre la tortura, que estableció claramente que esa práctica no había sido obra de algunos individuos aislados, sino que había sido hecha en forma sistemática por los militares, lo que tuvo un fuerte impacto en la opinión pública. Se dio además una compensación material a las víctimas de la tortura.  Al mismo tiempo, gracias a ese nuevo contexto, se enjuiciaron y condenaron a algunos oficiales culpables de diversos crímenes. Entre los condenados más conocidos figura el general Manuel Contreras, ex jefe de la DINA (Dirección nacional de inteligencia), que sigue en prisión desde 1995. Sin embargo, a menudo la Corte suprema rebaja las penas pronunciadas contra otros militares declarados culpables de crímenes, y hoy en día aún hay causas pendientes y casos sin resolver.

     Si estos progresos fueron lentos, esto se debe en parte a que los antiguos partidarios de la dictadura mantienen un peso político importante, ya que los partidos de la derecha, que han adoptado nuevos nombres (Renovación nacional y Unión Democrática independiente) mantienen una votación elevada y constituyen una oposición numerosa en el congreso, impidiendo la aprobación de leyes que reformarían la Constitución, que requieren más que una mayoría simple. Sin embargo, la Concertación insistió poco en esas reformas, prefiriendo dedicarse a estimular el crecimiento económico y destacando la necesidad de alcanzar la reconciliación nacional, para borrar la herencia de la dictadura.

 La “Concertación” tuvo éxitos en el plano económico, ya que durante la década de 1990 el PNB del país creció a un promedio de 6% anual, el mejor resultado de un país latinoamericano, y uno de los más sobresalientes del mundo. La estrategia seguida era muy semejante a la heredada de la dictadura, ya que las exportaciones han seguido siendo el motor de la economía. Chile ha pasado a participar en varios mercados regionales: es miembro asociado del Mercosur, participa en las reuniones de la APEC (Asociación de Asia-Pacífico), apoyó con entusiasmo el proyecto de ALCA (integración de las Américas) y ha firmado tratados de libre cambio con Canadá, con la Unión europea, con Estados Unidos y con China. La empresa privada, tanto nacional como extranjera, continúan dirigiendo las principales actividades. Su esfera se ha ampliado, ya que la Concertación ha seguido privatizando servicios, como el agua potable y la construcción de carreteras. Han llegado muchos capitales extranjeros, de EE.UU., Canadá y España, sobre todo a las minas y a los servicios. La cesantía alcanzó un nadir de 5,5%, en 1997. Esta prosperidad ha hecho aumentar el ingreso anual de los chilenos, que pasó de 2,000 dólares p.c. a 5,000 ( o a más de 9,000 si se calcula en términos de poder de compra). Entre2001 y 2003 el crecimiento disminuyó un tanto, bajando a 3,5 y 4%, para repuntar ligeramente en 2005 y 2006. La cesantía llegó a alcanzar cerca del 10% entre 2001-2003 pero en 2006 ha bajado al 7,5%.

    Pese a los progresos de la economía, se mantienen grandes desigualdades en la distribución del ingreso y hay unanimidad en todos los partidos para criticar el bajo nivel de la educación pública, una de las principales causas del mantenimiento de las desigualdades. Durante abril y mayo de 2006 hubo grandes manifestaciones de escolares exigiendo una reforma de la educación, lo que está actualmente en estudio.

Los gobiernos concertacionistas tuvieron además que enfrentar las protestas de los indios mapuche, que reivindican desde hace años el reconocimiento constitucional y piden la recuperación de tierras actualmente ocupadas por empresas forestales. Desde los años 2000, los presidentes Lagos y Bachelet decidieron emplear la ley antiterrorista contra los activistas mapuche, decisión que ha sido muy criticada dentro y fuera de Chile.

    En el plano social, el país ha cambiado. Los resultados del censo de población de 2002  indican que el crecimiento demográfico se ha frenado considerablemente, y que Chile está hoy entre los países de más baja natalidad de América latina, junto a Cuba y Uruguay. La población supera ligeramente los 15 millones de habitantes, y es urbana en casi 90%. Se calcula que cerca de un millón de chilenos viven fuera del país (de ellos, 30 000 residen en Canadá); a aquellos que salieron bajo la dictadura, y que han regresado sólo en parte, se han añadido otros, que siguen saliendo por razones de trabajo. Los católicos siguen siendo mayoría entre los creyentes, pero en menor porcentaje, ya que el número de adherentes a las iglesias evangélicas ha aumentado bastante. La relativa prosperidad chilena atrae a gente de países vecinos: hay alrededor de 50 000 peruanos viviendo en Chile, muchos de ellos ilegalmente, y también varios miles de profesionales ecuatorianos, argentinos y cubanos. Pese a la gran apertura internacional que el país ha vivido, las mentalidades siguen siendo más bien conservadoras: Chile fue el último país occidental en aprobar una ley de divorcio, en el año 2005, y los planes del gobierno de distribuir gratuitamente medicamentos que impiden el embarazo ("píldora del día después") ha encontrado fuerte resistencia de parte de grupos de católicos, aunque la mayoría de la opinión pública está de acuerdo con el programa.

    Pese a la popularidad de la presidenta Michelle Bachelet (los sondajes durante su último año en el poder indicaron que tenía más de 80% de aprobación) la Concertación perdió la elección presidencial de diciembre 2009, que fue ganada por Sebastián Piñera, hombre de negocios multimillonario, candidato de la "Alianza por Chile" (formada por los dos partidos de la derecha, RD y UDI). La coalición de gobierno presentó como candidato al ex presidente Eduardo Frei. Así, la derecha volvió al poder por primera vez desde el final de la dictadura. Su victoria (que fue estrecha: 51% contra 48% en la segunda vuelta) se explica por diversos factores: divisiones internas dentro de los partidos de la Concertación, acusaciones de corrupción contra diversos funcionarios de gobierno (algunas comprobadas), descontento de la población de Santiago con la implantación del nuevo sistema de transporte en la capital, que ha tenido muchas dificultades de funcionamiento, y la negativa de los partidos de la Concertación de organizar un sistema más democrático para elegir al candidato presidencial. A nivel de los programas, no había grandes diferencias entre los dos principales candidatos. Esto provocó la dispersión del voto favorable al gobierno, ya que surgió un tercer candidato, un diputado que abandonó el partido socialista, Marco Enríquez-Ominami (hijo el antiguo líder del MIR, Miguel Enríquez), que obtuvo el 19% de la votación.
Otro ex socialista, Jorge Arrate, se presentó como candidato apoyado por el partido comunista,obteniendo un poco más del 7% de la votación. En la elección parlamentaria, los partidos de la Concertación lograron sin embargo un resultado más favorable, de modo que las fuerzas del gobierno y de oposición se encuentran prácticamente igualadas. Al llegar el Bicentenario, Chile se enfrenta a un panorama político mucho más tranquilo que en 1990, pero incierto en cuanto a sus proyecciones futuras.


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