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LOS MAPUCHE DE CHILE









LOS MAPUCHE DE CHILE

Conferencia UQAM, 21-03-02, organizada por Protach

Introducción

     Los mapuche son la etnia más importante y más conocida de todos los pueblos indígenas de Chile. Generalmente se les destaca por su valentía y su eficiencia para enfrentarse a los conquistadores españoles, por lo que algunos los consideran como base de la nacionalidad; pero también se sabe que en el contexto cultural y político chileno, los indígenas viven en condiciones precarias, y además son mal vistos, considerados gente atrasada, lo que se explica en parte porque las culturas precolombinas en Chile no dejaron grandes monumentos, como las de México y Perú.. Además, es dudoso que los mapuche se consideren ellos mismos como parte de la “nación” chilena. Hay entonces una situación contradictoria que intentaremos explicar

     Otra de las contradicciones es la estadística. A comienzos del siglo XX, los censos daban cifras poco claras: 109,000 en 1909, 130,000 en 1952, 300 a 400,000 en 1964. Evidentemente, había un conteo irregular, ya que esas cifras no iban acordes con el aumento del resto de la población del país. El censo de 1992 dio las cifras siguientes sobre los pueblos indígenas:
Mapuche   928 060
Aymara        48 447
Rapanui        21 848
Atacameña   10 000
Qaquashar (alacalufes) 101

En cambio, los selknam (ona) y yaganes habían desaparecido

     Esas cifras, de todos modos importantes, se obtuvieron gracias a una definición de indígena relativamente amplia: es indígena el que “se identificaba con una etnia”. En cambio, en el censo de 2002 se cambió el criterio, preguntando esta vez si la persona “pertenecía a una etnia”, lo que hizo bajar el total de mapuches a 630,000, hecho que ha provocado fuertes protestas de las organizaciones indígenas.
     Es importante recordar que la mitad  de los mapuches no vive en la región ancestral, habiendo emigrado a las ciudades, Santiago u otras. Además, varios han cambiado su apellido, españolizándolo.

II. Orígenes

     Existen dos teorías


     la de Latcham y Encina, que postularon un origen externo, posiblemente del Chaco o del Amazonas, basándose en empleo de ciertas palabras como “huanque(avestruz), usada en  la pampa argentina. Encina creía que los mapuche habían “invadido”  Chile, “cortando en dos”a los otros pueblos

     la de Berdichewsky y otros antropólogos, que creen que pudo ser de origen “interno”, es decir por formación luego del poblamiento comenzado hace unos 10 000 años AC. Basándose en pruebas arqueológicas, demuestran que hubo una cultura“mapuche”desde 500 AC; rechazan teoría de la “invasión”



III. La época precolombina

     Los mapuche constituían una etnia que se dividió en tres: picunches, en región cerca de Santiago, los mapuche propiamente dichos, entre el Bío-Bío y Valdivia, y los hulliches, en Osorno-Chiloé. Tenían lengua común. Bengoa cree que los m. eran unos 500 000 en el siglo XVI, o sea que constituían la mitad de la población precolombina chilena, que era de alrededor de 1 millón de habitantes.

     Socialmente, los mapuche se encontraban a comienzos del siglo XVI en la fase tribal, es decir, de una sociedad que carecía de división en clases sociales y de unidad política, pero que empezaba a ser sedentaria y conocía la agricultura. Esto era sin embargo limitado; no había aldeas ni menos ciudades; la agricultura era primitiva (no usaban fertilizantes ni canales) y la recolección y la caza eran aún importantes, sobre todo el uso del piñón, base de la harina, que podían guardar largo tiempo. Entre los cultivos: maíz,papas, porotos y ají. La caza del guanaco y la pesca completaban los recursos alimenticios.
Según JB, es esta situación que explica la fuerte resistencia a la conquista: el ser una sociedad que empezaba a ser sedentaria, que se apoderaba progreseivamente de un territorio que no querían ceder. En cambio los pueblos cazadores, sencillamente huyeron, y los pueblos agrícolas avanzados, después de cierta resistencia, continuaron a obedecer a las nuevas autoridades, porque ya tenían el hábito de hacerlo.

     Las autoridades sólo tenían vigencia transitoria: los toquis, en asuntos militares, mientras duraba el conflicto, y sólo para su grupo familiar, ya que no había “unidad nacional”; eran elegidos por el grupo, en un cahuín.. El lonko tenía autoridad por más largo tiempo, pero sólo para asuntos familiares. La base social era la familia extendida, que podía incluir 100 personas, que vivían en la ruka No existían diferencias sociales ni el concepto de apropriación pirvada de la riqueza; tampoco había mecanismos de acumulación.
¿Eran una sociedad “guerrera”? Varias veces he oído esta palabra para caracterizar a los mapuche. Barros Arana los pintó así:

     “Reservados y sombríos por naturaleza, los indios chilenos desconocían la conversación franca y familiar del hogar; sólo tenían algunas horas de expansión en sus borracheras. Aúnn entonces, en lugar de dar libre vuelo a los sentimientos amistosos,  dejaban de preferencia estallar sus odios…eran desconfiados, vivían con las armas en la mano, casi viendo en cada hombre un enemigo… su inercia habitual desaparecían cuando era necesario marchar sobre el enemigo” (Historia de Chile, tomo 1, p.110)

     Esa visión es desde luego ideológica, y se alimenta además de la resistencia a la conquista. Antes, no había razones para hacerse la guerra, ya que no existía el concepto de conquista ni el objetivo de enriquecimiento (Bengoa, 1985), a través del tributo, como era el caso de aztecas e incas, o incluso de los cacicazgos colombianos. Eso no quiere decir que no hubiese violencia: los conflictos eran frecuentes entre los grupos familiares rivales, pero por motivos tales como disputas por mujeres, por enfermedades a las que se culpaba a otro clan por echar “mal de ojo”. Pero esto es frecuente en todas las sociedades primitivas. No se trataba sin embargo de guerra en el sentido cabal del término.


IV. Los mapuche ante la conquista española

       Los españoles iniciaron la conquista de Chile en 1541, con la fundación de Santiago. En los años siguientes debieron enfrentar resistencia de los picunche, pero lograron resistir. En 1546 iniciaron expediciones hacia el sur, y tuvieron sus primeros encuentros con los mapuche. En 1553 Valdivia fue vencido en la batalla de Tucapel, ejecutado y muerto. Era la primera vez que un jefe de conquista español sufría esa suerte. En años posteriores, los mapuches  amenazaron Santiago, pero su jefe Lautaro fue muerto en 1557 y se retiraron sin continuar la guerra.
     La resistencia continuó bajo diferentes jefes, entre ellos Galvarino y Caupolicán. La guerra fue exitosa para los indios, pese a que empezaron a morir en gran número por las enfermedades transmitidas por los europeos; una peste de viruela, en 1563 mató, según se calcula, a la quinta parte (100,000) de los mapuches. En esa guerra, los indígenas adoptaron el caballo y aprendieron a usar la espada, pero no las armas de fuego.
     La victoria mapuche .llegó a un punto culminante en 1598 con la batalla de Curalaba, ganada por el cacique Pelentaro, donde murió el gobernador español, Oñez de Loyola. Esta batalla marcó una época porque todas las ciudades del sur de Chile (Concepción Valdivia, Villarrica, Osorno…) fueron abandonadas durante largo tiempo.


V. Entre la guerra y  los parlamentos. Transformaciones de los mapuche como resultado del contacto con españoles

    A partir del siglo XVII, comienza una nueva etapa. España reconoce sus dificultades, prepara un ejército permanente, financiado por el Perú (hasta entonces, el “ejército” español era financiado por los encomenderos, vale decir, era una empresa privada) , intenta un plan de paz inspirado por el jesuíta Luis de Valdivia, que no prosperó. La idea era establecer una frontera fija y proceder a ganar a los indios a través de las misiones. La guerra continuó y en 1624 los españoles sufrieron una nueva derrota en Las Cangrejeras, cerca de Chillán, donde fue tomado prisionero Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, quien escribió El cautiverio feliz, donde dejó su testimonio del período en que estuvo prisionero.

     En 1641 se firmó la paz de Quilín, donde España reconoció la frontera del Bío-Bío y la independencia mapuche. No habría fundación de nuevas ciudades al sur del río. Los m. por su parte permitirían el ingreso de misioneros. Pero ese tratado no fue muy respetado; el conflicto siguió, motivado según Bengoa por la necesidad de indios esclavos. En 1608 se había decretado que los indios en armas podían ser reducidos a la esclavitud. Los españoles empleaban la táctica de los ataques por sorpresa,la maloca, cuyto pobjetivo era obtener un botín de guerra, no la derrota de los indios, que de todas maneras no presentaban combate en gran escala, concientes del aumento de la fuerza militar española (Jara, 145 ff.) Algunos indios eran incluso vendidos como esclavos en Perú. Esa práctica desató una gran rebelión en 1655, donde se distinguió un  nuevo líder de los mapuche, el mestizo Alejo, quien tuvo en jaque por varios años a los españoles. Chillán fue abandonada por un tiempo y Concepciónm estuvo seriamente amenazada.  Los españoles lograron restablecer un cierto control luego de ganar la batalla de Curanilahue, en 1661. La situación se calmó aún más en 1683, cuando se anuló el decreto de 1608 sobre la esclavitud indígena.

     En el siglo XVIII se alcanzó una paz más estable. Se celebró el parlamento de Negrete, en 1726, donde los indios se reconocían como vasallos del rey de España y se decían enemigos de los enemigos del rey. Esto fue importante para los sucesos de la Independencia. De allí en adelante hubo una coexistencia relativamente pacífica, y el comercio se multiplicó, sobre todo luego del Parlamento de Tapihue, en 1738, que reglamentó el ingreso de comerciantes en el territorio mapuche, lo que se detalló más en el de 1796, donde habló de “comercio libre”; fue firmado por Ambrosio O’Higgins; en este último se habla del “comercio de las dos naciones”. Un detalle especial de esos últimos tratados fue que un cacique debía ir a vivir a Santiago, en calidad de embajador. Otra institución que permitió mejorar las relaciones entre españoles e indígenas fue la de los “capitanes de amigos”, funcionarios que tenían atribuciones para actuar como jueces entre los indios amigos.

     Durante todo el período colonial los mapuche resistieron victoriosamente, pero aceptaron influencias de sus enemigos: la adopción del caballo, del ganado vacuno, ovino, caprino, del trigo, del uso de los metales y  los contactos comerciales. Entre estos últimos figuraban la sal (del lado mapuche) y el aguardiente y herramientas de trabajo del lado español, como también el ganado por ambas partes.

     Todo esto suscitó el comienzo de ciertas transformaciones sociales. Aunque no parece que haya habido aún propiedad privada, ciertos lonkos comenzaron a tener más influencia que otros. Además, esas mismas personas tenían más poder político, ya que poco a poco iba disminuyendo el número de lonkos o caciques, señal que había una concentración de poder; en el siglo XVII hubo más de mil, a comienzos del s.XIX sólo un centenar. Además, cosa clave, el cargo de cacique pasa a ser hereditario a fines del siglo XVIII. Por último, otra transformación fue la implantación de los mapuches. en Argentina. Esto se debió a la guerra y a las necesidades de ampliar el territorio y los recursos, como el ganado y la salinas. Por ello, hubo grupos de indígenas que pasaron al otro lado de la cordillera y se instalaron allí, participando activamente en la economía de mercado. Además, “araucanizaron” a otras etnias: primero los picunches, luego al otro lado de la cordillera los puelches y los pampas. Algunos de los jefes araucanos-argentinos se transformaron en personajes poderosos, como el cacique Calfucura.

     Pese a estas transformaciones, los mapuches estaban lejos de constituir una “nación” hacia 1800. Seguían divididos, en distintas regiones, los “costinos”, cerca de Concepción, los “abajinos” más allá de la cordillera de Nahuelbuta,  y los arribanos”, al interior del río Malleco. También hay que distinguir a los pehuenches, etnia de origen distinto (vivían casi exclusivamente del piñón, no practicaban la agricultura), pero que habían sido “araucanizados” en el siglo XVIII.

     Algunos caciques fundaron dinastías, como los Colipí entre los “abajinos”, que eran dueños de ganado y “eran ricos” según el testimonio de sus descendientes; uno de sus hijos habría peleado en el ejército chileno en Yungay. Aceptaban una cierta integración con los chilenos y enviaban a algunos de sus hijos a estudiar a la ciudad. Otra familia poderosa era la de los Coñoepán, uno de los cuales colaboró con Rosas en la guerra contra Calfucura. Uno de sus descendientes sería más tarde diputado conservador. Entre los “arribanos” estaban los Mariluán, que lucharon por el rey en la época de independencia, pero que luego cooperaron con Chile en la guerra de 1837 contra Perú. Los pehuenches participaron a menudo en las guerras civiles argentinas en el siglo XIX.

     Este proceso se dio en un marco general de mestizaje. Muchos indios comenzaron a adoptar un nombre cristiano; era de buen tono tener una mujer huinca, ya que a los caciques les interesaba tener hijos bilingues, lo que les daba más capacidad de negociación. Hubo muchas historias de mujeres blancas raptadas.

     Los diferentes grupos de mapuche. mantenían rivalidades e incluso guerras,motivadas por el poder económico y político, el control delo ganado. Allí nacen los malones, expediciones para el robo de animales (los malones para el robo de mujeres iban dirigidos contra los blancos) desde el siglo XVIII, muy distintos a los conflictos precolombinos, de los que no se sabe gran cosa.


VI. Los mapuche ante los gobiernos del Chile independiente

     Durante la independencia, los mapuches se dividieron. Los “abajinos” apoyaron al gobierno chileno, mientras que los pehuenches, arribanos y boroanos apoyaron a los realistas, desde la llegada de la expedición de Gaínza, en 1814, quien se apoyó en los parlamentos del siglo XVIII; luego los apoyaron durante la “guerra a muerte”de los años 1820. El decreto de 1819 de O’Higgins, que declara a los indios ciudadanos chilenos, eso no tuvo casi ningún efecto práctico entre los indios.

     Hubo una larga e interesante discusión entre los políticos de esa época sobre los mapuche. Algunos decían que Chile no controlaba en la práctica ese territorio, por lo que no debía haber diputados en representación de esa región. Otros sostenían que si bien el territorio pertenecía a Chile, los mapuche eran otra nación. Pero en general,y a pesar del apoyo de los mapuche a los realistas, no había una actitud negativa hacia los indígenas. Esto se explica porque muchos hacían el paralelo entre el combate de los mapuche contra los españoles y el de los patriotas por su independencia.

     Por ello, hasta los años 1860, los mapuche mantuvieron su independencia en una situación más bien pacífica. El gobierno chileno no intentó expediciones militares, aunque había un avance “blanco”a través de la economía. Funcionaban los “capitanes de amigos”, que actuaban como intérpretes e informadores para los regimientos. Había también los “comisarios de naciones” que representaban al gobierno chileno, que era visto como responsable por los indios del cumplimiento de los convenios, como por ejemplo la entrega de hijos de indios para ir al colegio. A ciertos caciques se les pagaba un sueldo para mantener su lealtad.

     José Bengoa señala que hubo numerosos puntos de contacto y señas de aculturación (adpción de ropas occidentales, conversión de muchos al catolicismo, aumento del comercio) pero cree que no hubo realmente integración. Los indios rechazaban dos cosas básicas: se negaban a vivir en pueblos y rechazaban la monogamia (Bengoa, 1985, 154)

     La penetración económica fue importante. Desde fines del siglo XVIII los m.habían empezado a vender sus tierras, lo que se multiplicó después, sobre todo con la explotación de las minas de Lota. Muchas de esas ventas fueron hechas a precios demasiado bajos, y una ley de 1853 estipuló que las compras de tierras superiores a 1000 cuadras debían der verificadas por el intendente.
La cuestión mapuche cobró importancia política con la participación de los mapuches en las guerras civiles de 1851 y sobre todo a la de 1859, de parte de los opositores al gobierno, lo que Bengoa interpreta como el deseo de los m. de “vengarse de los agravios” recibidos (Bengoa, 1985, 169) El apoyo indígena a los rebeldes de 1859 fue bastante masivo, tanto de los abajinos como los arribanos. Ciudades como Los Angeles y Nacimiento fueron atacadas y destruídas.

     Desde ese momento, las autoridades chilenas pensaron un plan para acabar con la independencia mapuche. En la prensa, como El Mercurio de Valparaíso se decía que “El araucano de hoy día es tan limitado, astuto,feroz y cobarde,ingrato y vengativo, como en el tiempo de Ercilla” y se agregaba que “siempre hemos mirado la conquista deArauco como la solución al problema de la colonización y del progreso de Chile”. La Cámara de diputados aprobó en 1868 el plan del coronel Cornelio Saavedra, consistente en hacer la conquista  paulatina del territorio, fundando pueblos y haciendo avanzar la frontera, pero dejando a los indios un cierto número de tierras.

     Ante esto, los mapuches reaccionaron apoyando el plan de Aurelio Antonio I, pensando que eso les podía aportar ayuda extranjera (1860-61). Buscaron negociar con Santiago, declarándose neutrales ante el ataque de España en 1865. Hubo también acercamiento entre abajinos y arribanos, para presentar un frente común. Todo ello fue inútil.

     Es importante consignar los argumentos para justificar la guerra. Benjamín Vicuña Mackenna, hombre de ideas avanzadas, ex revolucionario en 1851 contra los conservadores, fue uno de los principales partidarios de la represión contra los mapuches, pues decía que el indio era “un bruto indomable, enemigo de la civilización, que sólo adora los vicios” y defendió abiertamente el concepto de conquista, diciendo que había que llamar las cosas por su nombre (Pinto, 2000, 145) Hubo algunos dfiputados que criticaton esa postura, como los radicales Matta y Gallo, diciendo que el plan de Saavedra sólo traería el exterminio de los indios, que perecerían por la superioridad en armas y en número de los chilenos; Balmaceda también se opuso, diciendo que era preferible una política de colonización, para llevar la industria y el comercio a Arauco (id., 146-147). Las cosas estaban decididas. La creación de la provincia de Arauco, en 1852,  dio al Estado el pretexto para intervenir, ya que según eso, sus habitantes quedaban bajo las autoridades del gobierno chileno. El coronel Pedro Godoy decía: no hay conquista, Arauco es nuestro, simplemente lo tenemos que ocupar (id., 161)

VII. La guerra de conquista, 1869-1882

     La decisión del estado chileno de poner un término al “problema mapuche” se explica fundamentalmente por el deseo de ampliar el territorio nacional, abrir tierras a la colonización para los inmigrantes e incorporar definitivamente el sur a la economía. Era un proceso mundial, que tenía su paralelo en la conquista del oeste en Norteamérica y en la conquista del “desierto” en Argentina.

     Las operaciones comienzan a fines de 1868. Hasta abril de 1869, según informaciones oficiales, hubo 211 mapuches muertos,contra 35 bajas del ejército; además, 11000 cabezas de ganado habían sido arreadas (Bengoa, 1985, 221) No hubo batallas, sino encuentros esporádicos; los indios se sabían inferiores (no manejaban armas de fuego) y evitaban la guerra abierta. Hubo un parlamento en Toltén, a fines de 1869, sin resultado. Desde 1871 el ejército empezó a usar el fusil de repetición, lo que aumentó su superioridad. Pese a ello,la guerra se detuvo en 1871 y hubo un período relativamente pacífico: los indios se daban cuenta de su inferioridad y buscaban negociar. El gobierno chileno estimaba que ya se había avanzado bastante y además, a fines de la década,estaba preocupado por la guerra del Pacífico.

     Desde 1872 empezaron las ventas de tierras “abandonadas” por los indios, en remates públicos. Además, se multiplicaron las ciudades fundadas en la región:  Negrete en 1861, Mulchén, Lebu y Angol en 1862, Cañete y Collipulli en 1868,  Lumaco en 1870, Traiguén en 1878… hasta Temuco en 1881.

     En septiembre de 1880 se reanudaron las hostilidades, por el asesinato del cacique Domingo Melín; los mapuches atacaron Traiguén. A comienzos de 1881, y animados por los éxitos en Lima, el gonbierno chileno decidió dar un ataque decisivo en el sur, llevando la frontera hasta el río Cautín. La expedición fue dirigida por el Ministro del interior, Manuel Recabarren. En Santiago y otras ciudades, la prensa llamaba a completar los éxitos de Chorrillos y Miraflores. “El Ferrocarril” que antes había sido moderado ante los mapuches, ahora llamaba abiertamente a la “campaña del sur”.

     Los mapuches se lanzaron en insurección abierta en 1881, lanzando incluso una declaración de guerra al ejército. Participaron en ella los costinos, los arribanos y abajinos, pero los de Choll Choll permanecieron neutrales. Hubo varias batallas: en el fuerte de Lumaco, el 5 de noviembre de 1881. Los m.fueron dirigidos al parecer  por Luis Marileo Colipí; la del fuerte de Temuco, el 9 de noviembre, y en otros lugares. Los mapuches fueron derrotados, dejando centenares de muertos y heridos.

VIII. El despojo de las tierras y la “radicación”, hasta 1929

     Después de la derrota militar, vino la política de las tierras. Los principios básicos eran dos: a) no reconocer la propiedad indígena  y b) preeminencia del Estado en las operaciones. Es decir, el gobierno no aceptó compra de tierras indígenas directamente por particulares. La idea era la de rematar las tierras, guardando una parte para planes de colonización; en cuanto a los indios, serían “radicados”, es decir, desplazados hacia ciertas áreas. Este último proceso se hizo en forma arbitraria, separando a los indios de las mejores tierras. Además, la mayor parte de las tierras se transformaron en latifundios, quedando una parte menor para los “colonos” y aún menos para los maouche, que recibieron tierras de entre 5 y 8 Has. de superficie.

     El gobierno chileno mantuvo y favoreció el poder de los caciques, para contar con su colaboración. Por ejemplo, a Domingo Coñuepán, cacique de los mapuches de Choll Choll, se El atribuyeron 320 hectáreas en 1889 para él solo. Además, la comisión radicadora radicó en un mismo lugar a todas las personas cercanas al cacique, en “comunidad” aunque formaran familias aparte, lo que provocó roces internos. Eso equivalía a imponer una “comunidad forzosa”, que no existía tradicionalmente, ya que antes cada familia era autónoma; lo que había en común era el sentimiento de poseer colectivamente la tierra. Además, se rompió el sentimiento de “abajinos”, “arribanos”, al ser desplazados. La “radicación” se dio por terminada en 1929. En total, se “redujeron” cerca de 78 000 indígenas, a los que se dio un total de 475 000 Has., a  través de 3078 “títulos de merced” con un promedio de 6,1 Has. por persona (Saavedra, 1971, 58)  Se formaron otras 200 “reducciones” sin título, lo que hizo pasar el total de indígenas “radicados” a 100 000

     La  tierra de las “reducciones” fue entregada como propiedad colectiva, “comunitaria” a una familia extendida o un grupo de familias; pero no eran explotadas como propiedad común, sino individual y familiarmente, y la comercialización de la producción tampoco se hacía colectivamente. Por otro lado,existíían mecanismos colectivos, como el “mingako”, y ceremonias o fiestas colectivas. Por eso, se puede decir que la “reducción” daba lugar a un mundo con rasgos individuales y colectivos (ibid., 36-37)


     Resultado global fue la creación de una sociedad campesina pobre, donde los indios habían perdido no sólo la tierra, sino la posibilidad de pasar a Argentina; además tenían que pagar impuestos por la tierra, lo que no comprendían; ese impuesto se suprimió en los años 1920. Otro problema era la falta de caminos, ya que a menudo las tierras “de radicación” quedaban encerradas entre fundos grandes.
     Además, todo el proceso estuvo acompañado de acoso, hostilidades, incluso muerte de indios que eran agredidos y-o expulsados de sus tierras, como en 1915, donde cerca de 20 indígenas fueron muertos en Loncoche,o la matanza de Forrahue, cerca de Osorno, cuando 25 mnapuche fueron quemados dentro de una choza (Bengoa 1985, 375). En 1913, en Nueva Imperial, Juan Painemal fue marcado a fuego,como marca de animal, lo que provocó gran conmoción. También hubo mapuches muertos en la represiòn de Ranquil, en 1934, en el Alto Bío-Bío.

IX. De los años 1930 a 1973: los mapuche y los partidos políticos

     Los mapuche trataron de reaccionar ante estos problemas empleando mecanismos legales. Muchos de los hijos de cacique fueron educados en escuelas chilenas. Varios empezaron a participar en política; en 1924 fue elegido el primer diputado mapuche,  Francisco Melivilu, por el Partido Demócrata, que fue seguido por varios otros, sobre todo por Manuel Manquilef, del Partido Liberal. Este último propuso la ley que dividía la tierra de las comunidades, en 1927, creyendo que era el mejor medio para la integración. El gobierno dictatorial de Ibáñez estipuló que para dividir una comunidad, al menos un tercio de sus miembros debían pedirlo. De allí en adelante, los mapuches se dividieron entre partidarios y adversarios de la propiedad colectiva. La “Federación araucana” defendió la primera. Su líder fue Manuel Aburto Panguilef, que organizó un movimiento cultural de resistencia a la integración, con obras de teatro y en la denuncia de las usurpaciones; estuvo en contacto con la FOCH (Federación  obrera de Chile), creó congresos araucanos y estuvo preso bajo la dictadura de Ibáñez y luego desterrado ; fue violentamente denunciado por la Iglesia católica porque preconizaba el regreso a la poligamia y propició en 1931 la formación de una República araucana. Hizo una revaloración de la “comunidad” ya que primero denunció la radicación, pero luego valoró la comunidad como espacio de resistencia.

     La “Sociedad Caupolicán” defendía la segunda opción. Pero en 1934 los jóvenes mapuche de Temuco se tomaron la Sociedad (fundada en 1911), la rebautizaron “Corporación araucana” y le dieron otro giro, logrando la derogación de esa ley en el parlamento. Su líder fue Venancio Coñuepán, quien proponía alcanzar la igualdad de mapuches con los chilenos a través del éxito económico y entró así a disputar el liderazgo de los mapuche con Panguilef. Logró éxitos políticos, siendo elegido diputado conservador y ministro de tierras de Ibáñez en los años 1950; en 1940 fue al congreso indigenista de Pátzcuaro, en México.  Dos mapuche más fueron elegidos diputados en los años 1950. La principal realización de este movimiento fue la ley 8736, que impedía la venta y la división de las tierras de los mapuche, en 1947. Alentados poreste éxito, Coñuepán y los suyos apoyaron firmemente a Ibáñez y lanzaron el proeycto de  una Oficina de asuntos indígenas, creación de juzgados mapuche, exención de impuestos y la creación de un fondo de desarrollo para los indígenas. Pero este proyecto fue ferozmente atacado por la derecha y en las elecciones de 1957 los tres diputados mapuche perdieron sus cargos (Albó en Cambridge History…, vol.3, part 2, 820).

     Vino entonces un resurgimiento de la influencia de las ideas de izquieda, con la creación, en 1952, de la ANI (Asoc.nac.indígena), dirigida por Marín Painemal,  “alternativa de izquierda” , ligada al PS. En los años 1960, la ANI ingresó a la Federación nacional campesina e indígena. Su lema era “unidad de mapuches con los chilenos pobres”; ya no se debía actuar puramente entre mapuches.
Pese a todos estas acciones, que buscaban mejorar el nivel de vida de los mapuche, en la década de los 1960, los mapuche eran una sociedad campesina pobre, con tierras insuficientes para sostener el crecimiento demográfico, lo que provocaba una emigración hacia las ciudades. La situación numérica era la siguiente, según una encuesta de 1966:

Total de comunidades: 453
Población promedio de las comunidades: 83 personas
Superficie promedio:  293 has.
Promedio de Has.por persona: 3,5 Has.
(Saavedra 1972, 38-39)

     Dentro de este contexto, había diferencias socio-económicas a veces importantes, desigualdades en el ingreso y en el nivel de vida; algunos mapuche vivían de actividades no productivas, como profesor primario o ejerciendo un oficio.

     El gobierno de Frei y la Reforma agraria no cambiaron mucho esa situación. Fueron pocas las tierras expropiadas y devueltas a los mapuche durante 1964-1970. Eso cambió en la época de la Unidad Popular. En 1969 se había fundado la Confederación nacional mapuche, que apoyó a la Unidad popular; el gobierno de Allende hizo aprobar la ley 17.729, que reconocía que los indígenas tenían una cultura diferente y defendía la propiedad colectiva de las tierras; además, creó el Instituto de desarrollo indígena para promover el desarrollo de los indígenas. A fines de 1970, el ministro Chonchol estableció el Ministerio de agricultura en Temuco, durante dos meses. Esto estimuló el proceso de recuperación de tierras, con los “corridas de cercos”; se estima que unas 61 000 has.fueron así recuperadas, en lo cual participaba activamente el Movimiento Campesijno Revolucionario, creado por el MIR, donde militaba un buen número de mapuches. La provincia de Cautín fue calificada de “muy conflictiva” y según algunas, por esa razón Fidel Castro no fue invitado a pasar por allí durante su gira por Chile. Pero esto terminó con el golpe de 1973, que además provocó el exilio de un buen número de mapuches


X. Desde 1979 hasta hoy: nacimiento de un nuevo indigenismo

     Desde los años 1970 hay un “nuevo indigenismo” en toda América, por una conjunciòn de factores locales e internacionales, entre ellos la proliferaciòn de ONGs, la conmemoración del V Centenario de 1492 y la emergencia de nuevos líderes, con educación universitaria. Aparecieron movimientos polìticos autónomos indígenas, como el katarismo en Bolivia, la CONAIE en Ecuador. La lucha por la democracia, contra las dictaduras, dio mayor impulso a esos movimientos.

     La dictadura había traído transformaciones al mundo mapuche: se anuló la ley 17 729, negándose todo reconocimiento específico a los pueblos indígenas, afirmando que todos eran “chilenos”. En 1979 se decretó la modificación de la legislación antigua, autorizando la venta de las tierras y declarando el fin de las reducciones, para crear un sector campesino “libre”. Entre 1979 y 1981 la dictadura entregó cerca de 30 000 títulos de propiedades individuales, pero el proceso no fue completo: en 1992, se calculaba que cerca de la mitad de las unidades campesinas mapuche existían aún.

     Pese a estas acciones, la dictadura logró una cierta cooperación de los mapuche, lo que se vio en la votación obtenida por el “Sí” en 1988 y en la votación lograda por los candidatos de la derecha en 1989. Eso se explica, según Salazar, por el “asistencialismo autoritario, el temor o el respeto a la fuerza militar, el control directo sobre las personas (ejercido por el dirigente vecinal) y a la alianza gobierno-evangélicos” (Salazar-Pinto, tomo 2, 168)

     En 1980 se creó la ADMAPU, asociación gremial de pequeños productores, dedicada buscar “la autonomía”del pueblo mapuche y a “representarlo” ante los organismos públicos, para buscar “una sociedad más justa”. En 1984 contaba con 400 comunidades y 12 000 participantes mayores de 18 años. Pero nacieron otras organizaciones, y en 1987 había siete, vinculadas a distintos partidos: Admapu seguía vinculada al Partido Comunista,  Nehuén Mapu a la Democracia Cristiana… En 1989 Admapu se quebró y surgió una corriente antipartidista,que dio lugar al Consejo de todas las tierras, en 1990. Aquí se puede hablar del nuevo indigenismo en Chile, que reivindica  una “Constitución política de la nación mapuche”, pide un reconocimiento constitucional de esa autonomía, creación de un parlamento autónomo mapuche, además de exigir la recuperación de tierras Otra organización, la Coordinadora Arauco-Malleco es menos exigente en el plano del reconocimiento constitucional, y se centra en la recuperación de tierras. Estas organizaciones no confían en las instituciones creadas por la Concertación. Esta última creó la ley indígena de 1993 y la CONADI, que otorgó un cierto reconocimiento cultural a los mapuche ( y a las otras etnias, que también se han organizado: hulliches, aymaras, rapa-nui), y ha comprado una cierta cantidad de tierras para entregarlas a los indígenas, pero son vistas con desconfianza por las organizaciones mapuche,que ven en el gobierno un ente que favorece a las empresas forestales. El conflicto de la central hidroeléctrica Ralco y las disputas por las tierras de las forestales han sido intensos en los últimos años.

XI. Conclusión

     Los mapuche han sufrido profundas transformaciones desde la llegada de los españoles. Lograron mantener largo tiempo su independencia, como pocos pueblos indígenas (aunque no fueron los únicos no conquistados: chichimecas, chiriguanos., hicieron lo mismo). Pero no pudieron evitar transformaciones sociales, económicas y culturales al contacto con los blancos. Esto se acentuó con la conquista y el despojo perpetrado entre 1869 y 1882. La estrategia de sobrevivencia consistió entonces en actuar en la política, a veces a través de los partidos existentes.

     Actualmente, los mapuche se encuentran esparcidos a través de Chile: la mitad vive fuera de la región ancestral, muchos ya no hablan mapudungun. ¿Constituyen una nación o se han integrado ya con la nación chilena? Son una “subcultura” como lo postula A.Saavedra? ¿Qué porvenir tienen?


BIBLIOGRAFIA

l. General:

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BENGOA, José: La emergencia indígena en América latina. Santiago, Fondo de cultura económica, 2000

2. Los mapuches

BENGOA, José: Historia del pueblo mapuche.  Santiago, Sur, 1985
BLANCPAIN, Jean-Pierre: “Un échec à la conquête espagnole : le Chili et les araucans », L’Information historique, vol.44, nov-déc.1982, p.196-206
JARA, Álvaro : Guerra y sociedad en Chile. Santiago, Editorial Universitaria, 1971
LEON, Leonardo : Maloqueros y conchavadores en Araucanía y las pampas, 1700-1800. Temuco, Ediciones Universidad de la Frontera, 1990
PINTO Rodríguez, Jorge: De la inclusión a la exclusión. El Estado, la nación y el pueblo mapuche. Santiago, IDEA, 2000
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SAAVEDRA, Alejandro: Los mapuche en la sociedad chilena actual.  Santiago, LOM, 2002

L’Ordinaire latino-américain n.177, juillet-septembre 1999, dossier « Où en sont les mapuche à la fin du XXe siècle? » par Françoise Morin et Roberto Santana